Hoy el día empezaba bien, pero siempre hay alguien que intenta fastidiártelo, y hoy lo han conseguido un par de personas de mi entorno laboral. No ha sido grave, sólo me ha afectado un momento. Hay pocas cosas que no arregle un paseo, un poco de sol, ver la Bahía y algún buen libro.
Últimamente, la lectura y comprar libros son dos de los mayores placeres a los que dedico mucho tiempo. Por si acaso, siempre llevo un libro en el bolso. Hoy llevo dos, porque ‘Confesiones de una máscara’, de Mishima, se me está acabando. El otro que llevo, era, hasta hoy, mi última adquisición. Se trata de ‘El ayudante de Picasso’, del cántabro Luís Cobo Calderón, editado con esmero por ‘Tantín’.
No suelo ejercer el derecho ese que tenemos los funcionarios —del que tanto se habla y sea abusa— de salir a tomar café en el horario laboral (la gente fuma tanto en los bares de alrededor…). Si lo necesito, aprovecho ese tiempo para dar un paseo o hacer algún recado urgente. Hoy ha sido uno de esos días en que necesitaba hacer algo urgente: tomar el aire. Así que un poco de paseo y un poco de aire junto al mar.
Y claro, el paseo ha incluido una breve visita a ‘Gil’ de la Plaza Pombo, y, otra vez, he tenido que comprar un par de libros, que se suman a todos los que tengo muchísimas ganas de leer… ‘Historia abreviada de la literatura portátil’, de Enrique Vila-Matas, la que dicen es su obra más emblemática y casi ya legendaria; y ‘Vivir Adrede’, microrelatos de Mario Benedetti, un gran descubrimiento para conocer un poco mejor la obra del gran autor uruguayo.
Paseo, aire, sol, libros y un poco de conversación han arreglado notablemente el día. Espero que nadie vuelva a estropearlo. Estaré preparada, con cuatro libros en el bolsillo, por si acaso…
Doy fe, de los descansos de los funcionarios. Sobre todo porque mi ayuda aquí dentro de operación es funcionario.
Siempre sabes cuándo se va, pero nunca sabes cuando vuelve. Al menos es considerado y me presiona, en el buen sentido de la palabra, para que me vaya a desayunar, eso sí, siempre antes de que salga él, porque sino quizás no haya ocasión (en operación siempre tenemos que estar uno de los dos)
A ver cuando puedes empezar a aprovechar esos paseos para tomar aire, para acercarte hasta tu supercasa, a tomarte un café de tu supercafetera, y sentarte tranquilamente en tu supersofá, aislada del mundo real por su superbiombo.
Un besito!!
Supercuñao!!
el pobre, que nos tiene que sufrir…
aprovecha la mañana…
un beso.
Buena idea la tuya!!!
Ayer mismo me pasé un par de horas leyendo un libro frente a la bahía, junto al Palacete del Embarcadero y, la verdad, ese momento no tiene precio. Lamento y mucho que alguien trate de perturbar tu día a día porque si hay alguien que se lo merece todo lo mejor eres tú.
Muchos besos y feliz día!!!