Coleccionables de venta en quioscos han existido desde que tengo uso de razón, si bien, últimamente, su proliferación y abundancia es tan llamativa que, cuando paso por alguno creo que va a hundirse o caerse hacia delante por el peso de tanto fascículo y/o objetos de toda índole. Desde novela histórica, cine italiano, biblioteca Ken Follet —me pregunto cuantos fascículos hacen falta para completar ‘Un Mundo Sin Fin’—, historias de mujeres, casitas de muñecas, abalorios, Isabel Allende, los ya típicos dedales…
Desde hace algún tiempo, no hay periódico que se precie que no tenga sus cartillas, con cupones para pegar o, en el peor de los casos, para canjear cada día por libros, cd’s, edredones nórdicos, maletas… y, ahora que ya ha pasado la moda de los gps, tocan mini-cadenas con más accesorios que una minipimer.
De cupones, cartillas y cosas de este tipo, he aprendido bastante últimamente. Cuando viva en mi piso —si alguna vez consigo que me traigan los muebles—, mis invitados podrán tomar café en tazas con viñetas de Forges; degustar manjares cocinados con utensilios diseñados por Javier Mariscal; en platos con dibujos de Chillida, y con cubiertos también de Mariscal. Todo esto es posible gracias a una paciencia infinita y a cientos de cupones recortados de la última página de ‘El País’, y canjeados, un día sí y otro no, por una cajita con dos cubiertos en el quiosco de Puertochico, lo cual no hubiera sido posible sin Carmen, la propietaria, que me guarda los que no puedo recoger puntualmente. Con los platos, pude experimentar otro método: corta cupón, pega en la cartilla y recoge la vajilla en el Carrefour…
Me he jurado a mí misma que, cuando consiga acabar los utensilios, nunca más volveré a meterme en semejante lío. Al final, la colección no resulta nada barata; la estiran demasiado, con cosas absurdas como tres espátulas; tres cuchillos de chef; una pala para cortar tartas y otra para servirlas… Pero son tan bonitos y quedan tan bien en mis cajones…
A partir de ahora, sólo compraré en el kiosco cosas que vengan completas, cosas concretas que me interesen, porque, de vez en cuando se encuentran cosas decentes a buen precio. Sin ir más lejos, el último domingo que me tocó ir a comprar el periódico, encontré las obras completas de Pablo Neruda por 5,95 euros. Bien es cierto que no se trata de ediciones excesivamente cuidadas; ni de libros con papel Biblia; ni tienen comentarios a pie de página de la calidad de los de ‘Cátedra’, pero no están tan mal.
Otro domingo, siguiendo el consejo de un amigo, me dispuse a buscar otras joyas de kiosco, después de recorrer tres de la zona de Vargas y calle Burgos, conseguí mi objetivo: la biografía de Hitchcock por Donald Spoto, con ‘Psicosis’, y la película ‘Deseando Amar (mood for love)’, de Wong Kar Wai, —por cierto, maravillosa—, que, claro, con el ya habitual dos por uno, incluía ‘Tears Go By’, también del director chino. Y claro, por si el domingo no tenía suficiente contenido, por 1,95 las obras completas de Cortázar —bueno, sólo ‘Rayuela’ y otro—.
Cada cosa, bastante asequible, barata. En conjunto, te dejas un dineral en el quiosco…
Qué bien, después de tanto tiempo de inactividad y te ha dado fuerte !!.
Desde la oficina a casa tardo últimamente algo así como media hora, tiempo escaso en pararme en cada uno de los kioskos de paseo Pereda y seguir la evolución de fascículos de diversa índole como el cine de Polanski, cine cásico italiano, colección de plumas que luego no pinta ni una (peroclaro quequieresporunaplumadecincoeuros), obras de Julio Verne, cine de Wong Kar Wai -maravillosa como dices, aún tengo en la mente la imagen de Li-Zhen subiendo las escaleras bajo la luz nocturna de las farolas con la maravillosa música de Michael Galasso, ayyyyyyyy- y un sin fin más de fascículos.
Calculo que para cuando termines las colecciones, al ir a tomar café a tu casa tengamos que sentarnos sobre las propias tazas de Forges porque acabarás conviertiendo la casa en un auténtico kiosko.
Pues a mi me faltan un cuchillo , que despues de reclamar, parece que no acaba de llegar, ,,,,,,,yo tambien he prometido no volver otra coleeccio, pero la verdad es que poco a poco, tengo los utensiliones y cuchillos del pais, bateria de cocina del diario montañes, pero ay…….me falta la cocina, espero que a nadie se le ocurra sacar cupones para montar una, o si, no lo se