Hoy he venido a trabajar en cercanías. Astillero-Santander. Algo normal, rutinario, incluso aburrido para los cientos de personas que lo hacen todos los días. Para mi ha sido novedoso, incluso, he afrontado la mañana con ilusión. He recordado los momentos en que lo hacía todos los días, hasta que dejé de hacerlo desde el mismísimo día en que tuve carné de conducir y coche. Gran dependencia. Y claro, una se acostumbra al coche hasta que la carretera te expulsa de ella.
Bueno, cuando finalizo la mañana las energías que me dio el ferrocarril han ido perdiendo enteros. Por fin, con el paso de las horas entre solicitudes de valoración de dependencia, arte joven, gastronomía europea… y un sin fin de temáticas que componen el variopinto mosaico de mi jornada laboral, consigo acabar de escribir y publicar este post en mi blog.
Hoy he puesto en práctica una decisión importante que tomé hace tiempo y a la que me resistía: el día que no necesite el coche para nada concreto, vendré a trabajar en tren. Claro, esto se acabará el maravilloso día en el que las obras de mi bonito piso santanderino finalicen, viva en él y pueda ir todos los días andando a trabajar. Lo de la compra y las obras de mi pequeño futuro hogar merece otro post.
Me he visto forzada a adoptar salomónica decisión después de llegar a tardar 45 minutos en el trayecto Astillero-Puertochico, o 75 minutos Santoña-Puertochico. Y claro, sobre todo, después de dejarme muchos euros, muchos más días de los que a mí me gustaría, aparcando en el parking de Castelar ¡para poder llegar a trabajar!.
Así que he vuelto a utilizar el Cercanías. Y ha sido una gran experiencia (los usuarios del ‘rodalias’ barcelonés seguro que no opinan lo mismo…).
He dedicado el viaje a la lectura, eso sí, esquivando algunos conocidos que iban en el tren ávidos de conversación madrugadora… y, lo mejor de todo, he venido andando hasta Puertochico. Caminando por el Paseo Pereda me encontrado con una conciudadana astillerense que, nada más verme ha dicho: “¿¿Tu en qué vienes??”. Ella trabaja en el centro y aparca, con suerte, en el Palacio de Festivales. Así que, mal de muchos…
En fin, me quedo con la lectura. Con el paseo, que permite disfrutar de la maravillosa Bahía, plateada y en calma, como esperando el día, como esperándonos a todos. Destierro de mi vida los atascos, los malos humos de la carretera, la media hora dando vueltas para aparcar, por no hablar del gasto en gasoil y parking. Me quedo con la estupenda solución que es el Cercanías para las dificultades de movilidad en mi vida laboral.
Mira La Maricho. Aquí La Marisane con sus consejos: a las ocho de la mañana no hay tanto tráfico, así que deja de dedicarle a tus pelos disparados hacia todos los lados 40 minutos de reloj y ya verás cómo encuentras aparcamiento echando virutas. Ah, y por cierto, piensa en esos días de frío y lluvia tragándote los veinte minutos de tu romántico paseo, con los bajos del pantalón calados hasta la rodilla y tu maravilloso peinado ultra-mega-moderno-tieso por la falta de grados, la nariz roja, los ojos llorosos y la cara con la que te va a mirar el bedel del Gobierno cuando entres por la puerta… Y otra cosa: no le digas a Moni que puede llevarse el 206 a Bilbao porque a ti te haya afectado el viento sur de Oscarín, que no lo vuelves a ver¡¡¡¡¡
Me parece un gran acierto incorporar a tu rutina la lectura y el paseo. Creo que tus mañanas serán más alegres. Son dos caprichos que merece la pena defender.
Cuando estés en tu casita no serán más de 15 minutos caminando y si hace malo, en lugar de transitar por el paseo pereda, vas por el interior, protegida por los edificios. No se donde vive Marisane pero las peatonas del centro te damos la bienvenida. Te vas a ahorrar una pasta para cafeses.
Cuando en el mes de julio me ofrcieron un puesto en Santander, estaba tan contenta e ilusionada, que no pense en el hecho de coger todos los dias el coche y hacer 50 km,no estaba acostumbrada, pero ahora es quiza uno de los mejores momentos del dia, en el que escucho tranquilamente las noticias, y me siento bien,pienso, cuando haga mucho frio, llueva y demás cogeré el autobus, no se, me lo pensaré, lo cierto,es que no es lo mismo aparcar en la entrada de Santander que ir hasta Puerto Chico, pero, te aseguro que si cuando acabe este proceso horrible de las oposiciones tengo que ir, ire encantada de la vida.
Creo sinceramente, que deberias ir todos los días en tren a trabajar y para que tu maravilloso coche no se aburra ya me lo llevo yo¡¡¡¡¡TOMA SOLUCIÓN A TU MALA LECHE POR LA MAÑANA.